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MARISA
Creo que empecé a tener la enfermedad hace muchos años aunque, en un principio todo era difuso y las molestias se me hacían llevaderas,
dolores difusos por las piernas y brazos que se hacían más dolorosos en época de estrés y cambios de temperatura, falta de energía. Los médicos nunca me pudieron decir el porqué de esos dolores, las radiografías y análisis no mostraban
nada fuera de lo normal.
Después con mi trabajo como, profesora de enseñanza media, los dolores se fueron agudizando y aparecieron otra serie de síntomas:
garganta irritada, rinitis vasomotora, me lloraban los ojos, me costaba respirar. Empezó a dolerme mucho la parte cervical, principalmente la parte trasera del cuello, la
parte lateral y el hombro derecho. Después hice una excursión larga y dificultosa a pie y a partir de ahí aparecieron dolores muy fuertes por todo el cuerpo.
Mi primera creencia fue que mi malestar era motivado por una dolencia
cervical y/o lumbar. Mis dolores eran tan fuertes que estuve 7 meses sin poderme sentar. Sólo podía estar de pie y echada de lado, pero pasado un tiempo los hombros y brazos también me dolían mucho. En mis primeros contactos con traumatólogos
éstos hablaban de operar los discos intervertebrales lumbares, otros de hacer una rizolisis. Posteriormente visité a una médico especialita en rehabilitación, Verena Kappenberger, que me aconsejó no operarme por no haber compromiso radicular,
coincidiendo con ella varios neurocirujanos. Finalmente el Hospital San Pablo me diagnóstico la fibromialgia, en el grado más elevado 18 sobre18 puntos.
Toda mi trayectoria hasta llegar a ser visitada por el Dr. Bauer fue muy dura. Al
no poder sentarme no podía coger un taxi, tenía que viajar en metro o en autobús de pie, sintiendo cualquier movimiento o giro del autobús, a veces me sentía como una hoja que en cualquier momento se la puede llevar el viento.
- Tenía dificultados para dormir (cama)
- En la cama, solo podía dormir del lado derecho, en postura fetal, calambres por las caderas, no podía estirarme
- Apoyar la cabeza en la almohada me resultaba dificultoso. Las terminaciones nerviosas de la parte posterior de la cabeza eran muy sensibles, las almohadas me resultaban
demasiado rígidas, y me costaba apoyar la cabeza, las almohadas de pluma resultaron ser una ayuda
- Problemas de las piernas inquietas, movimientos automáticos de las piernas mientras dormía que hacían que mi sueño se interrumpiese
- Caminar se hacia dificultoso, por el dolor en los píes, me ponían inyecciones homeopáticas en los dedos de los pies
- Al estar sentada, los glúteos me dolían, era un dolor muy agudo
- Siempre me tenía que sentar enfrente de mi interlocutor, por las dificultades para girar el cuello. Sentada, no podía apoyar los codos en la silla o mesa, tenía que
colocar los brazos junto a mis piernas
- Sentía ruidos en los oídos, pero según los otorrinos todo era normal
- micción frecuente
- Alrededor de mi pecho era como si llevase una coraza que me oprimía
- lectura
- escribir
- cocinar
- sostener el auricular del teléfono
- cuando pasaba las páginas del periódico o de una revista me cansaba.
Antes de que me visitara el Dr. Bauer probé todas las terapias que llegaron a mi conocimiento.
-Antiinflamatorios, relajantes musculares, hipnóticos, infiltraciones
-Fisioterapia convencional a base de ejercicios y ventosas eléctricas -Fisioterapia más adaptada a mis dificultades : Feldenkreis, terapia cráneo sacral -Tratamiento con “Recuperation”
-Terapia cognictiva con una psicóloga -Antidepresivos para regular el nivel de la serotonina -Inyecciones de homeopatía por todo el cuerpo -Suero en vena de vitamina C y B para elevar mi energía -Homeopatía -Acupuntura
-Terapia vibracional -Reiki -Reflexoterapia -Ozono -Colorterapia -Kinesiologia holística -Terapia neural -Relajación -Meditación
Mi marido, en un viaje a Alemania descubrió un libro sobre la
fibromialgia,“Fibromialgia ,la curación es posible”, me dijo que todo lo que yo contaba que me pasaba estaba en el libro, me lo tradujo para que yo pudiera enterarme.
Por ello, cuando leí el libro y supe que había la
posibilidad de que no fuese una enfermedad crónica, es decir, que había una alternativa, nos pusimos en contacto con el Dr. Bauer, quien me confirmó el diagnóstico de mi enfermedad. Con él aprendí que los ruidos que oía (tinnitus)
eran síntomas de la fibromialgía. Después de la operación, al día siguiente recuperé mi energía. El descenso de energía es una característica de las personas que sufrimos la enfermedad. Lo cierto es que después de la operación, en los dos
siguientes meses me leí 18 libros. Poco a poco me fui incorporando a una vida que había quedado suspendida en los recuerdos del pasado: podía quedar con amigos con más seguridad de acudir, ir al cine, ser más independiente en las
labores de la casa, escribir, leer, sostener el auricular del teléfono sin darme cuenta, apoyar mis brazos en la mesa y sillas y sentir la ligereza de mi pecho.
Ya no me siento un zombi, tengo la sensación de ser un miembro más del
colectivo humano al que puedo ayudar sin miedo de que con ese esfuerzo pierda mi integridad.
La enfermedad me ha enseñado a conocerme mejor y saber marcar límites. A partir de un esfuerzo determinado empieza el estrés. Procurar no
perder el hilo conductor conmigo misma que me indica hasta donde puedo llegar, y no exigirme más de lo que puedo dar, es decir ser benevolente conmigo.
Yo creo que mi experiencia después de la intervención ha sido como un reencuentro,
un nuevo conectar con la fuerza de la vida.
En la actualidad no hago ninguna terapia, he dejado de tomar antiinflamatorios, ansiolíticos, antidepresivos, y lo único que tomo es una pastilla de vitamina C por la mañana, una de
tridófilus porque padezco de colón irritable y una pastilla para dormir, que como crean adicción tendré que retirarla poco a poco.
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